Los gatos son maestros del disimulo. A diferencia de los perros, rara vez muestran dolor o malestar de forma obvia, lo que hace que sea fácil pasarlo por alto.
Presta atención a estas señales sutiles:
- Come menos o deja de comer por más de un día. Es una de las primeras alertas.
- Se esconde más de lo normal. Un gato que busca aislarse suele estar incómodo o asustado.
- Cambios en el uso de la caja de arena. Ir con más frecuencia, evitarla o hacer sus necesidades fuera de ella puede indicar problemas urinarios o digestivos.
- Pelo opaco o descuidado. Los gatos se acicalan constantemente; si dejan de hacerlo, algo pasa.
- Maúlla más de lo habitual. Especialmente de noche, puede ser señal de dolor o confusión.
Si notas dos o más de estas señales a la vez, lo mejor es consultar al veterinario pronto. En salud felina, actuar temprano siempre marca la diferencia.
